Si bien las vacaciones sirven para relajarnos, también son un período en que comemos y bebemos más de la cuenta, mientras que nuestra ingesta de calorías aumenta y el régimen de ejercicio se reduce. Sin embargo, no querremos ensombrecer nuestras vacaciones preocupándonos por mantener un equilibrio y por tener que quemar cierta cantidad de calorías cada día. Esa no es manera de disfrutar y relajarse. Existen formas sencillas de incorporar una o dos actividades en nuestra rutina vacacional sin afectar nuestro disfrute.

Durante las vacaciones, observa tu entorno y encuentra las oportunidades presentes. Si la habitación de hotel está en el 15° piso, intenta tomar las escaleras cada vez que subas y bajes. Sólo te tomará unos cuantos minutos, pero hacerlo tres o cuatro veces incrementará significativamente la distancia que caminas y tu resistencia. Es sumamente fácil hacer flexiones, abdominales o sentadillas con peso corporal antes del desayuno y antes de dormir; con esto, además de disfrutar del sol habrás mejorado tu físico con poco esfuerzo. Una terraza o jardín son sitios ideales para hacer durante 15 minutos un circuito corporal completo antes de que salga el sol.

También hay formas de convertir las excursiones en una oportunidad para ejercitarse. Ya sea nadar en un arrecife de coral, bucear o escalar una montaña, en cualquiera de estas actividades físicas ejercitamos todos los grupos musculares a la vez que disfrutamos las vacaciones y, más importante, nos relajamos conscientemente.